
Giramisu llegó a Rowdy con una propuesta física bien definida: un concepto de bar y mesa de mariscos pensado para que la experiencia no terminara con el último plato. El valor estaba en el recorrido completo, desde la llegada y la barra hasta la mesa y la sobremesa. Sin embargo, esa experiencia todavía no tenía un equivalente digital capaz de comunicarla con la misma claridad y, al mismo tiempo, convertir el interés de una persona en una reservación.
Ahí estaba el verdadero reto. No se trataba únicamente de diseñar un sitio atractivo para un restaurante ni de lanzar campañas para generar tráfico. Giramisu necesitaba conectar tres momentos que hasta entonces podían comportarse de forma independiente: descubrir la marca, entender por qué valía la pena visitarla y reservar una mesa. Si alguno de esos puntos fallaba, la experiencia se interrumpía antes de llegar al negocio.
Nuestro trabajo comenzó entendiendo qué estaba vendiendo realmente Giramisu. Los mariscos eran una parte central de la propuesta, pero no explicaban por sí solos por qué alguien elegiría el lugar frente a otras opciones. La oportunidad estaba en construir la marca alrededor de una experiencia de mesa completa, donde la comida, el bar, el ambiente y el tiempo que sucede alrededor de la mesa forman parte del mismo producto.
Uno de los cambios estratégicos más importantes fue dejar de pensar al cliente únicamente desde lo que quería comer. Una persona puede elegir Giramisu porque busca mariscos, pero también porque está organizando una celebración, reuniéndose con amigos, planeando una cita o simplemente buscando un lugar donde la noche pueda extenderse después de cenar.
Esa diferencia cambió la forma de plantear la comunicación. En lugar de depender exclusivamente de fotografías de producto o descripciones de platillos, la marca podía empezar a construir mensajes alrededor de situaciones reconocibles. Giramisu dejaba de competir únicamente dentro de la categoría gastronómica y comenzaba a ocupar un territorio asociado con la experiencia completa de salir.
Este enfoque también dio una base más clara para performance. La adquisición podía trabajar con motivaciones y momentos distintos, mientras que la experiencia digital debía encargarse de convertir esa expectativa en una decisión concreta. El objetivo no era acumular visitas al sitio, sino llevar a una persona desde el descubrimiento hasta una mesa reservada.

Desarrollamos la presencia digital en Webflow porque necesitábamos controlar con precisión la forma en que Giramisu se presentaba antes de que alguien llegara al restaurante. En hospitality, el sitio cumple una función particular: no puede reproducir la experiencia física, pero sí puede preparar al usuario para ella.
Eso significaba trabajar la jerarquía del contenido, la fotografía, la información práctica y los puntos de conversión como partes del mismo recorrido. El menú no podía sentirse separado de la identidad, ni la identidad podía convertirse en una capa visual que retrasara la acción principal. Cada sección debía aportar contexto suficiente para que reservar se sintiera como la continuación natural de la experiencia y no como una acción añadida al final de la página.
La arquitectura se construyó alrededor de esa secuencia. Primero generar interés, después resolver las preguntas necesarias y finalmente acercar al usuario a la disponibilidad real. El sitio dejaba de funcionar como una pieza informativa y empezaba a comportarse como una parte activa del proceso comercial del restaurante.
La integración con SevenRooms fue una de las piezas más importantes del proyecto porque permitió conectar la experiencia digital con la operación real de reservaciones.
Webflow resolvía la capa de marca, contenido y navegación. SevenRooms se encargaba del momento en que esa intención debía convertirse en una reserva gestionable por el restaurante. La decisión no era simplemente agregar un botón de “Reservar”, sino reducir la fricción entre lo que una persona acababa de descubrir sobre Giramisu y la acción que quería realizar después.
Esta conexión también cambió la forma de entender el funnel. El recorrido ya no terminaba cuando alguien hacía clic desde el sitio. Podíamos pensar la experiencia completa desde la adquisición hasta la reservación y, posteriormente, hasta la llegada efectiva del comensal.
En términos operativos, el sistema funcionaba como una secuencia continua: performance generaba demanda, Webflow transformaba esa atención en interés, SevenRooms capturaba la reservación y la operación del restaurante confirmaba si esa intención terminaba realmente en una mesa ocupada.

En hospitality, una reserva no siempre representa el resultado final. Una persona puede completar el proceso y aun así no presentarse, por lo que medir únicamente la cantidad de reservaciones habría dado una lectura incompleta del desempeño.
Por eso el show-up rate se convirtió en una métrica especialmente relevante. El sistema no solo tenía que conseguir que más personas reservaran; también tenía que sostener suficiente intención entre la reserva y la visita real al restaurante. Después de conectar la experiencia de marca, el sitio, SevenRooms y la adquisición, Giramisu registró un incremento del 50% en show-up rate.
Este dato nos permitió observar algo más importante que una mejora superficial en interacción. La optimización estaba llegando hasta la operación física. La experiencia digital no terminaba cuando el usuario cerraba el navegador, sino cuando la promesa construida en pantalla se convertía en una visita real.
Con las diferentes capas trabajando hacia el mismo objetivo, Giramisu incrementó sus reservaciones en 65%. El dato es relevante no únicamente por su magnitud, sino por lo que demuestra sobre el sistema completo. El posicionamiento ayudaba a construir una razón para visitar el lugar, la experiencia en Webflow convertía esa expectativa en intención y SevenRooms permitía transformar esa intención en una reservación administrada por el restaurante.
La adquisición también tenía que demostrar que ese crecimiento podía sostenerse económicamente. El ecosistema alcanzó un ROI de 1.9x, mientras que la relación reportada de CAC fue de 2:1. Esto permitió evaluar performance desde el impacto comercial y no únicamente desde métricas de medios como impresiones, alcance o clics.
El objetivo nunca fue comprar tráfico al menor costo posible. Era entender cuánto costaba generar demanda relevante, qué porcentaje de esa demanda terminaba reservando y cuántas de esas reservaciones llegaban finalmente a la mesa.

Giramisu terminó con algo más importante que un nuevo sitio o una integración de reservas. Construimos una arquitectura en la que la dirección de marca, Webflow, SevenRooms y performance podían operar alrededor del mismo recorrido del cliente.
El proyecto generó un aumento de 65% en reservaciones, un crecimiento de 50% en show-up rate y un ROI de 1.9x, conectando resultados digitales con una métrica que en hospitality importa mucho más que una visita al sitio: la ocupación real.
Para Rowdy, ese es el punto central del caso. Una marca gastronómica no escala porque su identidad se vea bien, porque tenga un sitio atractivo o porque una campaña consiga clics. Escala cuando cada una de esas decisiones forma parte de un sistema y todas terminan empujando hacia el mismo resultado de negocio.
En Giramisu, ese resultado era muy concreto: convertir el descubrimiento de la marca en una mesa ocupada.